viernes, 21 de noviembre de 2014

UverWorld

En un abismo sin fin, me encontré cayendo. Era increíble, pues a medida en que veía distintos estratos de rocas, y me adentraba a la oscuridad, visualicé el momento en mi vida en el que contemplé este abismo.

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¿Cuánto deseo cambiar este mundo? No sé. Llega un punto en el que no puedo con el dolor, pero luego me doy cuenta de que ha sido mi sueño desde siempre. He sabido que las personas no se llevan bien por el dolor. He sabido que la violencia solo genera más violencia, y que la paz se logra con el entendimiento. He cambiado una y otra y otra vez! Solo para encontrarme a mí mismo al final.

Sin embargo, esos cambios también me ayudaron a crecer como persona. A saber lo que quiero y lo que no quiero en esta vida. Quiero ser fuerte, para ayudar a las demás personas, para llevar ese dolor y desvanecerlo en mí. Quiero madurar más, para tener las respuestas adecuadas en el momento adecuado. Quiero seguir recibiendo lo que necesito y no lo que quiero.

Y esa última línea es la más dolorosa. Realmente quisiera entablar una relación ahora, conocer a una chica que me ayude con todo esto, en quien realmente descargar tanto que llevo dentro. Pero eso acabaría con el progreso que he logrado. Sé que si tuviera la oportunidad lo haría sin pensarlo dos veces. Sé que compartiría la experiencia de vida que casi no he comentado. Lo bueno, lo malo, lo excelente y lo terrible. Al final, quiero alguien que me acepté por lo que soy, no por lo que fui ni lo que seré.

Finalmente, me despido feliz. Este abismo no deja de contemplarme, y siendo solo un parpadeo cósmico en este universo, quiero ser uno de los parpadeos más intensos, uno de esos en los cuales lloras de felicidad y por el dolor que se va. Quiero llevarme todo lo malo. Quiero dejar el orgullo, la ira, los sentimientos negativos, tanto míos como de los demás. Algún día las personas empezarán una conversación y no la terminarán jamás. Se conocerán, se amarán, comprenderán que el mundo, albergando miles de millones de humanos, sigue cambiando y cada ser humano sigue siendo único. Tal vez nunca logre comprender este abismo, ni el abismo a mí. Pero sé que mis razones para existir son claras, y que con cada día que pasa, con cada persona que me confía sus problemas, al solidarizarme con ellos sufro, pero me hago fuerte. Lloro internamente, pero es porque soy intensamente humano.

Tal vez no fui hecho para este mundo, pero haré que este mundo esté hecho para las personas que siguen.

jueves, 20 de noviembre de 2014

Strong. So be it.

Con esta entrada no pretendo victimizarme ni mucho menos. Simplemente es mi percepción de la realidad. 

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En los momentos más críticos de mi vida... lleve las cosas solo. En ocasiones exploté, en otras me desfogué con y en otras simplemente recurría al aislamiento.

En esta oportunidad... No estoy seguro de cómo seguir. No encuentro las palabras para una amiga que sufre. No encuentro las palabras para otra amiga que acaba de pasar un acontecimiento fortísimo. No encuentro las palabras, y cuando estas personas me hablan, porque confían en mí, siento que debo hacer más. Siento que me duele escuchar eso, me solidarizo con el dolor, y eso me lleva a sufrir. Entonces, cuando miro al costado, no encuentro a casi nadie. A amigos, que están ocupados, que ya tienen enamorada, y que obviamente no podrían darme algo que necesito. Un abrazo. Una palabra de aliento. Alguien que me ayude a cargar esto.

Pero entonces recordé mi deseo, desde pequeño, de ser fuerte. De ser quien lidie con las cosas. De ser un escudo para muchos. De cambiar el mundo a través del ejemplo y de la fortaleza de poder llevar todo el dolor y guardarlo conmigo.

Eso es. La respuesta que necesitaba, una vez más (pero no la que quiero).

Seguiré adelante, como siempre, pero esta vez dejaré de lado mi egoísmo. No buscaré compartir con nadie este dolor. Creo en las personas, también sé que cada quien tiene su historia, pero a veces, muchas veces, conozco personas que parecieran tomarse la vida tan a la ligera que me da una especie de envidia sana. Quisiera contarles un fragmento del dolor que aun no he podido dejar ir, pero entonces los veo sonreír y hablar de temas tan triviales que lo comprendo. Nadie tiene por qué pasar por esto.

Soy un guerrero. Alguien que quiere ser feliz, que decidió ser feliz, que ahora mismo está pasando por un momento fuerte porque DECIDÍ solidarizarme con mis amistades. Porque no soy indiferente. Porque realmente me preocupo por los demás.

Y tengo que ser fuerte. Sino, ¿quién lo hará por mí?

Algún día encontraré la respuesta a todas aquellas preguntas, lloraré y abrazaré la verdad fría y cambiante del universo.

Todo esto. Este momento. Esta vida que me tocó vivir. Las decisiones que tomé. Algún día me llevarán a ese lugar donde los sueños renacen y las personas viven por siempre.

domingo, 16 de noviembre de 2014

A little too intense.

Querido diario:

Hoy ha sido un día hermoso. Logré un sueño que tuve desde hace muchísimo tiempo: invitar a mi familia a almorzar en un lugar extremadamente delicioso, para lo cual ahorré bastante de lo que adquirí como jefe de práctica en la PUCP. Al inicio pensé que costaba mucho menos de lo que me enteré una hora antes de ir al lugar, pero me dije a mí mismo "solo se vive una vez" y fui sin pensarlo dos veces. Jajajaja, igual me sorprendí al ver la boleta, pero todo bajo control. La pasamos increíble, comimos bastante, hablamos y se quedaron emocionados de que les haya invitado a ese lugar.

Sin embargo, aun me cuesta ir lo que me pasó el viernes. Desde la mañana me pasaron cosas extraordinarias que prefiero no escribir aquí. Luego, después de dar una buena práctica, llegué a mi casa y la ex de mi hermano me abordó llorando. No supe qué hacer. No había respuesta correcta ante esa situación. No la iba a dejar llorando. Le dije para caminar un poco por la vuelta de la esquina, la escuché, le intenté dar ánimos con que siguiese adelante con su vida, que vaya donde están sus seres queridos, etc. Lloró y lloró, y realmente me dolió. Siempre me pareció una buena persona, pero sé que han tenido sus motivos para darse el adiós definitivo.

Luego, revisé mi correo y me encontré con una gran sorpresa. Alguien que siempre estuvo allí para mí, que siempre ha leído y leerá esto, me escribió una carta-tipo-confesión pero además dijo que podría ser el adiós. Ella está enfrentando una fuerte enfermedad. Tuve muchísimos sentimientos encontrados. Sentimientos que me llevan a cuestionarme, una vez más. Siempre he querido hacer lo correcto, pero hay situaciones en las que no sabes qué es lo correcto, y tu corazón tampoco. Situaciones en las cuales los caminos parecen totalmente opuestos pero idénticos.

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Solo se vive una vez, por eso se debe vivir al máximo. He estado haciendo eso estos días. Lo seguiré haciendo. No me detendré.

martes, 11 de noviembre de 2014

I will show you how great I am.

Recuerdo cuando un compañero de colegio me dijo que yo vivía en la sombra de mi hermano.

Asimismo, cuando otro compañero me dijo que no lograría mis metas. Que vivía en una burbuja. Que era un iluso.

Incluso tengo el vívido e imborrable recuerdo de mi padre insultándome, quejándose de mí, reclamándome cosas ilógicas.

Sí, ese sufrimiento no me hizo odiar a nadie. Tampoco me hizo feliz. Pero me hizo más fuerte.

Cuando me dijeron que vivía en la sombra de mi hermano, por ejemplo, me di cuenta de que en el mundo habría personas que no me verían por quién soy. Habría personas que no sabrían apreciar lo que me hace diferente, y no les importaría decirme lo que piensan, aun cuando no sea lo correcto.

Cuando me dijeron que no lograría mis metas, lo pensé bien, y con toda una vida por delante, tendría muchísimas oportunidades de intentarlo, aun si no lo lograba en la primera instancia. Con eso, me enseñó que el fracaso no reside en fallar, sino en rendirte. Yo no me rendiría, no me rendí ni me rendiré.

Cuando mi papá me gritó, cuando me dijo que soy un acomplejado, inmaduro, poco hombre, que no tengo palabra, que soy falso, que no soy buena persona, realmente sentí como si la persona que pude haber querido tanto en mi vida no solo me diera la espalda, sino que me quisiera hacer caer, hacer sufrir, derrotarme, acabar con mi moral. Aprendí que la vida no es siempre color de rosa, y que nada está dicho. Aprendí que a veces, las personas en las que más creemos, podrán ser las que más daño nos intenten hacer. Sin embargo, no aprendí a desconfiar. Decidí seguir confiando en quienes sean mis seres queridos. Ellos no tienen la culpa de que algo así me haya pasado.

Aprendí que la vida te puede golpear una y otra y otra vez, pero que a la vez la vida no se trata de esquivar los golpes, sino de qué tanto puedes recibir y seguir moviéndote adelante. En ocasiones realmente estuve triste, no tenía muchas personas alrededor, o personas que comprendieran el dolor de ver que tu mundo se cae a pedazos. En esas ocasiones decidí vivir en piloto automático. Iba al gimnasio para distraerme, iba a la universidad a estudiar, invertía el tiempo en cosas positivas.

Porque sabía que a pesar de todo, mi mundo renacería. Yo aprendería de todo lo que pasaba. Aprendí la clase de persona que NO quiero ser, y con eso, a su vez, la clase de persona que quiero ser. El padre que quiero ser. El hermano que quiero ser. El hijo que quiero ser. El esposo que quiero ser.

Y, en ese sentido, hoy reafirmo mis deseos de ser ese líder que siempre he querido ser. Para eso empezaré desde lo más bajo, para aprender de todo un poco, para servir, para crecer, para experimentar.

Pronto les demostraré lo grande que soy, cuando me sienta realizado.

Les mostraré quién y a dónde fue a parar esa fuerza imparable que me ayudó a seguir adelante en los momentos más críticos.