En primer lugar, deseo pedir disculpas por el anterior blog.
Nadie más que yo tuvo la culpa de no haber entregado el trabajo. Que hayan sucedido casualidades no son más que eso: coincidencias.
En fin, hoy quiero escribir sobre una persona especial que conocí hoy.
Aún cuando fue un día muy corto, hubo una chica a la que conocí hoy día, un querubín en la que no dejo de pensar.
La chica del look mayor, su físico revela su mente: madura. Conciente de la realidad, con miras a futuro muy grandes, ajustada por los parámetros impuestos por su familia, feliz con sus amistades, devota, una adalid, una gran persona, sin duda alguna.
Repentinamente, dijo "quédate a mi lado" y yo sentí que ese era mi deber y mayor satisfacción: estar a su lado.
Nos susurramos secretos, nos volvimos un mundo unidimensional, donde lo único que existía era ella y yo, por lo cual no había largo ni ancho ni altura, solo ella y yo.
Quedamos en cambiar el mundo, lo prometimos.
Después de todo, pude decirle, con mucha alegría en mis ojos (pues es algo que siempre quise contarle a una persona especial) la frase que vi en un animé y nunca pude olvidar.
Lo que hace hermoso a este mundo es que sea imperfecto
Si fuera perfecto, sería un mundo demasiado monótomo.
Ella solo me dijo que era un pequeño filósofo demasiado iluso, medio orate, pero que sabía que en mi interior tenía un lado mefistofélico. Yo solo le respondí "¿Quién no tiene mal en su interior? El deber de cada uno yace en evitar que el mal florezca, fortaleciendo sus bases positivas".
Ella... sabía que yo diría eso, lo leí en sus labios, que pronunciaban lo mismo que yo.
>>Fue demasiado raro<<
Ella me dijo que no sabía que yo lo diría.
No tenía muchas ganas de besarla. Eso es un tanto morboso. Yo solo quería abrazarla y tomarla de la mano, caminar como dos niños de cinco años enamorados uno del otro, o sentir que era mi esposa, sentir que siempre estaría allí, sentir que siempre habría alguien que pensaría en mí.
Al final, caminamos por un sendero muy empinado, pero la conversación que tuvimos fue tan interesante que ni nos dimos cuenta que estábamos a miles de metros de altura. Las nubes intentaban nublar la vista, pero no pensaban que nosotros no nos mirábamos con los ojos, solo con el corazón.
Finalmente, la chica tocó mi corazón, me salieron alas y empecé a flotar. Yo era un ángel, ella una diosa. Mi ojo derecho se volvió azul y el izquierdo se volvió verde, el suyo derecho se volvió verde y el suyo izquierdo se volvió azul. Habíamos cambiado de ojos, estábamos condenados a estar juntos por siempre, y entonces, ¿por qué estaba flotando yo y ella no?
Me corté un poco el ala y empecé a descender. Ella, en el sendero, miró hacia abajo y pude observarlo todo: con sus ojos podía ver el color del alma de todas las personas. El mundo se veía negro y gris, por lo que yo fui fácil de encontrar para ella: yo me veía azul.
Se hizo una luz que nos iluminó, nos empezó a succionar hacia el cielo. Pudimos resistir, pero no lo hicimos. Nos miramos el uno a otro, nos abrazamos, cogimos de brazos y empezamos a ascender, hacia un espacio sideral, sin límites y atemporal.
Finalmente, quedamos juntos por toda la eternidad, y el mundo dejó de existir.
Sekai, te amo.
>>Bloody Angel<<
Créditos:
Diego Asmat, quien me ayudó a encontrar mi inspiración para escribir de nuevo historias breves.
El hermoso mundo, porque a pesar de sus defectos, no deja de asombrarme
Giuseppe , quien soy yo, y siempre busco ser mi mejor amigo, explotando mi potencial.
>>Kami<< (Dios en japonés) Quien siempre me apoya.
(Sekai, espero volver a conocerte)
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
ResponderEliminar