martes, 10 de noviembre de 2009

Memorias del Alma

Este es un cuento que escribí en mayo, creo. Se llama memorias del alma. La trama transcurre muy rápido, pues tenía que ser un cuento breve. Espero que puedan sentirse como el protagonista y sentir cada momento =) y, más que nada, espero que les guste.


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Memorias del alma
Ritsuko, una niña muy singular, muy especial, la que yo quería. Nunca podía dejar de pensar en ella. Su sonrisa era tan significativa para mí que aliviaba mis pesares, olvidaba mis preocupaciones, la sociedad dejaba de existir y solo éramos ella y yo en el abismo de mi mente. Siempre que lograba tener una conversación con ella, al día siguiente no me hablaba, no recordaba lo que habíamos discutido, nada.

Pero yo, Kenji, nunca me daría por vencido. Lograría conquistar su corazón a como dé lugar. Cada día tenía un plan distinto para entablar una conversación con ella, intentar progresar, lograr que su corazón sea mío, que sea mi gran amiga y compañera de vida. No obstante, no lo lograba. Se olvidaba, me rechazaba un día, otros días ella era la que me hablaba, pero nunca insinuaba nada.

>>Era tan frustrante<<

Hasta que un día, cuando la fueron a recoger al colegio, me encontré con Sanosuke, su hermano mayor. Él me pidió que la llamara para que se encontrara con él, pero le pedí un favor. Como condición, quería que me respondiera cómo podía gustarle a su hermanita.
Entonces su mirada se volvió vacía. Sus labios dejaron de humedecerse, sus manos temblaban, cada aliento era un poco de alma que lo abandonaba, su cuerpo iba perdiendo emociones, cayendo en un abismo dramático.

>>¿Hice una pregunta tan estúpida?<<>

En ese instante de tensión, Sanosuke me lo explicó todo. Su hermana había tenido un accidente el día de su cumpleaños número 13, aquel accidente dejó una única secuela en ella, una cicatriz tan profunda que nadie podría curarla. Cada día, ella olvidaba todas las personas que había conocido, pero, extrañamente, no olvidaba la información que aprendía. Luego, él me pidió que evitara sufrir y para ello no intentara lograr algo ilógico, algo platónico, algo que solo era una ilusión: conquistar su corazón.

>>No me rendiré ahora ni nunca. Seguiré, no dejaré que esta barrera sea mi final<<

Le dije que lo iba a lograr y que ni eso me iba a impedir de hacerlo. Entonces, se quedó boquiabierta y fui a llamar a Ritsuko. ¿Había escogido lo correcto, o eran “tonterías de la niñez”? Era la intriga que no me dejó descansar en paz ese día. Solo estoy siguiendo mi corazón, por lo cual, el resto no debería importar, pues el corazón es la esencia del alma, de la consciencia y voluntad, es el ser en su totalidad y, cuando nos sentimos dudosos, es porque no nos conocemos lo suficiente.

Pasó una semana en la cual me pregunté cómo conquistarla, cuando tuve una gran idea. Llevé una cámara al colegio y le pedí a mi mejor amigo que me tomara fotos cuando hablara con ella (y claro, cuando ella estuviese sonriendo) para así lograr mi cometido. Hablé con Ritsuko, mejor que nunca, y le pedí para salir un día. Ella, como otras veces lo había hecho, me dijo que sí estaba dispuesta a salir conmigo. Entonces, le pedí que lo anotara en un papel. Lamentablemente, no tenía ningún papel, así que le pedí que lo escribiera en mi brazo. Mientras ella lo escribía, mi amigo tomó fotos.

Ritsuko escribió “Mañana saldremos después de clases, es una promesa.” Y lo firmó. En mi mente rebozaba de alegría, sentía que había conquistado el mundo, porque ella era todo lo que mi ser me exigía. Mi mejor amigo, aun siéndolo, me obligó a contarle el por qué de las fotos, pues si no lo hacía, se las quedaría para siempre. Me vi forzado a contarle el problema de Ritsuko. Él me dijo: “¿Y cómo lograrás lo imposible?” Y yo le expliqué mi plan, luego de que él me tomará una foto al brazo. El día siguiente le iba a mostrar la foto a Ritsuko para que saliera conmigo, le mostraría las otras fotos donde hablamos.
>>Fue un fracaso inesperado<<
Emocionado, fui a buscarla durante el almuerzo y le enseñé todas las fotos. Recibí una fuerte cachetada, ella estaba asustada, más que nunca. Pensó que yo era un acosador que había editado esas fotos, obvio que no lo era, pero ella lo pensó. Al no recordar nada, le volví a enseñar la foto donde ella escribía la promesa en mi brazo y ella colapsó. Vinieron varios profesores y llamaron por teléfono a su hermano. Tras unos 10 minutos en el tópico escolar, llegó Sanosuke.

Me preguntó qué era lo que le había pasado a su hermanita. Entonces, le expliqué mi plan para conquistarla y lo que había sucedido.

>>Soy un tonto, una vez más<<

Mi respiración se vio obstruida unos segundos. Mi corazón latía cada vez más despacio, mi mirada estaba clavada en unas esferas llenas de furia, los ojos de Sanosuke. Sentía que la vida se iba con cada respiro y que cualquiera podría ser el último. “¡NO SABES LO QUE ELLA SUFRIÓ LA ANTERIOR VEZ QUE PASÓ ALGO ASÍ Y AHORA LO REPITES, EGOÍSTA, SOLO PIENSAS EN TI MISMO!” Fue su grito en ese instante. Al pronunciar esas fuertes palabras, los médicos se dieron cuenta que él estaba lastimándome y fueron a detenerlo. Entonces, volvió a suceder.

>>Colapsé<<

Al instante en que desperté, recordé sus palabras. ¿Soy un egoísta buscando un amor imposible? Estaba muy deprimido y melancólico. Deprimido porque todo el sueño no era más que mi egoísmo y melancólico (ridículamente) por las cosas que no lograron suceder. El día siguiente, en el colegio me enteré que estaban intentando trasladarla de colegio.

>>No lo iba a permitir<<

En el recreo de almuerzo, nuevamente me acerqué donde ella. Le expliqué al inicio que tenía algo que decirle, algo sobre ella, muy importante y que se lo tomara con calma. En ese momento, le expliqué el problema con su memoria, y ella solo se rió. “Eres un chico muy simpático” me dijo. <> Las busqué en mi bolsillo y las encontré: las fotos. Se las mostré y, repentinamente, lágrimas empezaron a resbalar por su rostro. Su mirada, brillante y rojiza, sus labios más rojos que de costumbre. La mirada perdida que necesita enfocarse en alguien. El rostro de haber vivido una mentira, o no haber vivido nada, por no poder recordar.
>>Nuevamente, soy un tonto<<

Sostuve su rostro con mis dos manos, y la besé. Dejó de llorar, dejó de hablar, dejó de sufrir por un instante. La abracé y le susurré en el oído: “Llevo más de un año intentando ganarme tu corazón, ¿Lo logré?”. Ella alejó un poco, para poder mirarme a los ojos, y, sin que yo se lo dijera, me llamó por mi nombre: Kenji. Me explicó que soy la única persona que recordaba lejanamente, pues le compró la foto de nosotros dos a mi mejor amigo (¿cómo se dio cuenta de él? No lo sé.) y evitó olvidarme, pero cada despertar pensaba que yo era solo una fantasía, una ilusión, un sueño, un amor platónico. Acto seguido, me respondió la pregunta, sobre si había logrado conquistar su corazón.

Esos días descubrí que las memorias no se almacenan en el cerebro, se almacenan en lo único que no es considerado materia, pero que, paradójicamente, ocupa todo espacio en la tierra: el alma.

Giuseppe 5 B

1 comentario:

  1. definitivamente, me gustó el cuento (:

    PD. Sé que ya te lo había dicho por msn xD

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