Yo... he vivido demasiado, pero no lo suficiente, para mis 19 años de edad.
Desde muy pequeño, me gustaba observar. Analizar un poco, o a veces detenidamente, la actitud de los mayores, de los contemporáneos; de todos en general. Sucede que yo no me explicaba por qué las personas vivían tan obsesionadas con el trabajo, o por qué los hombres mayores se fijaban en las chicas más delgadas, cuando podían fijarse en las cualidades de una mujer, al margen de su físico. Me di cuenta, desde ese entonces, que fumar te ayudaba a aparentar mayor edad; pero te fregaba la salud. Por ello, por más que a veces tener cara de niño me molestaba, en ocasiones, nunca fumé. Mi salud es primero. Las apariencias son para el final, cuando no tienes nada mejor que hacer.
Una vez conocí a una chica que tenía muchos problemas personales, que, como la mayoría de los casos, eran producto de una vida familiar inapropiada; con demasiada tensión, conflictos, entre otras cosas. Ella me confesó que se cortaba. Sí, se cortaba el brazo, cerca a sus venas. También me confesó que una época había sido anoréxica, que tenía problemas de autoestima, y hasta odiaba que yo le dijera que ella era bonita.
Como buen observador, siempre creí que para comprender REALMENTE como es una situación, tienes que vivirla, o sentirla. En ese entonces, me enamoré de esta chica. El daño que ella se hacía a sí misma, yo lo sentía como propio. Decidí adoptar parte de su personalidad; quería vivir eso, quería sentirlo, para hallar la solución y compartirla con ella. Sí, no era masoquismo lo que me guiaba; NUNCA fue eso. Siempre me creí capaz de ponerle solución a problemas que nadie más puede. Y para qué, lo logré. Diría que lo logramos, pero estoy hablando de mi parte de la historia. Me di cuenta que lo que ella necesitaba era afecto, atención, engreimiento, magia, esperanza, pero también algo de presión. El cambio tenía que ser impulsado por algo más allá de solo salir adelante porque sí. ella tenía problemas de autoestima; salir adelante no podía ser impulsado por un amor a sí misma, debido a que ese amor no era, en ese entonces, suficientemente grande.
La enamoré, y la enamoré con locura. Así que le implanté el miedo a perderme, para que deje de cortarse, para que deje las malas amistades, para que deje de hacerse daño a sí misma. Y fue así como, después de un mes de estar con ella, se cortó por última vez. Nunca más (hasta donde sé) se volvió a cortar. Lo dejó. Y los pensamientos depresivos se fueron desvaneciendo, poco a poco. Se dio cuenta que la vida tenía muchísimo más que ofrecerle, y yo me di cuenta que había logrado lo que muy pocos hacen. Hallé la solución. Algo que ni psicólogos con terapias intensivas y familiares, ni centros especializados en problemas de esta índole pudieron lograr.
Porque pocos saben que el amor, realmente lo puede todo. Tal vez no del modo que queremos, pero sí del modo que tiene que ser.
Un tiempo después terminamos. Ella siguió su vida, yo la mía.
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Estas vacaciones las empecé muy triste. Sucede que ya no pude ocultar más mis sentimientos, no pude huir de mi pasado más reciente (la separación de mis padres) y me vi en vuelto en una especie de depresión. Una depresión es grave, es seria, pero lo que yo tenía no estuvo lejos de serlo. Ya no podía dormir bien, al irme a acostar, me invadían pensamientos tristes, negativos, de culpa, y me quedaba luchando en mi interior por dos horas, como mínimo, para finalmente quedarme dormido. Dejé de comer. Tal vez he bajado de peso, pero al fin estoy seguro de que ya salí de eso. Y lo que quiero contarles, es algo intenso, y serio. Mis amistades me ofrecieron un escape: alcohol, mujeres, o simplemente partidos de play station 3.
Alcohol. Nunca he tenido una resaca, pero por primera vez, llegaba a las reus/tonos y de arranque tomaba lo necesario para perder parte de mi cordura. Eso me relajaba, me permitía perder todo miedo al ridículo, me volvía un mate de risa, y me hacía olvidar todo. Muy divertido, pero solo era huir de los pensamientos que no había logrado vencer.
Mujeres. Mis patas siempre querían que yo "me haga a una tipa". Consiste en ir a una reu, hacerle el habla y, en algún momento, agarrar con ella. Una recién conocida. Nunca lo logré. Al principio iba con ese objetivo, pensamiento que se desvanecía en segundos. No es lo mío, nunca lo fue. Ya no le veo sentido; las reus están para disfrutarlas, no para olvidarte de los patas e irte a una esquina a hablar y hablar con una chica solo parpa agarrártela y dejar todo allí.
Al final, volví a encontrar la solución, pero esta vez para mí y por amor propio. Fue tan extraña esta etapa de mi vida. Aparte del alcohol y el intento de hacerme alguna mujer, también empecé a salir con varias personas. Desde que no tengo enamorada, he tenido varias citas, que terminaban bien, pero por alguna razón no las invitaba a salir de nuevo. Bueno, es que realmente yo no buscaba más que compañía, tenía un deseo intenso de encontrar a alguien que me dé una razón para encontrar LA SOLUCIÓN. No la encontré porque finalicé la búsqueda.
Es cierto lo que me dijo Allisson ese día. A pesar de que ella lo dijo con cierto odio, tenía toda la razón. Pobres los que encuentran su felicidad en otras personas, los que la buscan en otros seres. Si tú no puedes darle sentido a tu vida, pobre de ti. Creo que esas fueron sus palabras. Y me lo dijo un día, una de esas como 5 veces que nos hemos visto en total, al cabo de 2 años y medio. Ella me lo dijo porque sabía que era lo que me pasaba y lo que no quería escuchar. Yo encontré mi felicidad en otra persona, el sentido me lo dio otra persona, y no yo mismo. Esa fue mi última enamorada.
Volviendo a "la solución"... finalmente, hallé la solución. Todo lo que he vivido los últimos 12 meses, los momentos tan fuertes que tuve que enfrentar, las veces, pocas veces, que prácticamente le grité a mi papá, a mi mamá, a mi hermano. Todo eso ya pasó. No tengo por qué sentirme culpable, cada uno actuó bien y mal; cada uno actuó lo mejor que pudo. Yo me perdono. Yo me disculpo. Yo me comprendo. Yo me entiendo. Lo hecho, hecho está. Lo que me tocó vivir, ya lo viví. No hay por qué revivirlo cada noche. Fue muy triste, pero, felizmente, se terminó.
La solución era simple, pero, paradójicamente, compleja. Tuve que pasar hambre, soledad, compañía, ser atendido, atender muchísimo a mi mamá, ver los cambios en las personas, observar la vida de otros seres queridos, para darme cuenta de la complejidad de la vida, y la simpleza de aquella frase tan verídica... "la vida es dura". Tengo 19 años. Si las cosas cambian, tengo que adaptarme rápido. Si no hay comida, tengo que prepararme algo con lo que haya. Si me empiezo a culpar, sentir solo, debo recordar que es porque tengo las metas claras, y no tengo tiempo para una relación. Si empiezo a dudar de mí mismo, debo recordar que, además, hago esto por todos. Porque desde mis 13 años, me di cuenta de que si Dios me la puso un poco difícil cuando me hizo tan flaco y bajo de estatura, para que yo venciera esas barreras y creciera practicando deportes, ganara peso a punta de sacrificio, fue para ser un ejemplo, un modelo de quien aprender.
Si yo lo logré, ¿por qué tú no?
Desafíate. Cambia. Perdónate. Sigue adelante, pero con más ímpetú, con la vista en alto, con actitud de vencedor.
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