Bitácora del capitán. Cabo Giuseppe reportándose al día 06 de Agosto del 2013
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Ha pasado un buen tiempo desde que decidí aislarme del mundo.
Desactivé mi facebook, desconecté mi wi-fi para no recibir muchos mensajes de whatsapp (aunque en esto último hice trampa unas cuantas veces). Hice esto para reflexionar, para limpiarme de la suciedad moral que se me impregnó, para tomar un descanso de lo bueno y lo malo.
Hice esto, pensando que me ayudaría. No sé si realmente lo hizo. El ser humano es un ente social, necesita de compañía. Felizmente, durante este tiempo hubo unas cuantas amistades que se comunicaron conmigo para frecuentar.
He descubierto mi debilidad. Mi debilidad, la que me llevará a una fortaleza mayor, es ser consciente de mis errores, de mis defectos, de mis debilidades. Me veo a mí mismo como una persona que se esfuerza bastante en ser bueno, en todo el sentido de la palabra. Quiero ser una buena persona: un buen amigo, un buen hijo, un buen compañero, un buen hermano. Quiero ser bueno, realmente bueno.
Y en mi camino del cambio constante me encuentro con nuevos errores, errores míos y de otras personas que influyen en mí. Me encuentro con que la vida me ha sabido golpear pero que yo también me he sabido levantar.
Me encuentro con un joven lleno de cicatrices, cansado, pero andante.
Creo que el tiempo de soledad ha finalizado. No me siento feliz; para qué mentir. No me siento triste. Siento que no valoro suficiente lo que hago, y que en ocasiones soy demasiado fuerte conmigo mismo. Siento que mi felicidad es un estado que yo decido gozar, pero que no me parece correcto sentirme feliz cuando vivo situaciones complicadas. Por ejemplo, mi mamá tuvo una caída fuerte hace un rato, y considero que un momento así no es apropiado para estar feliz. Mi mamá está en su cuarto, intentando sentirse libre del dolor físico que esto le ha causado. Mientras, yo siento que no puedo estar feliz sabiendo que ella sufre. Sé que suena exagerado, pero tienen que comprender...
El amor. El amor fraternal, amor familiar, amor romántico y todo el amor en general es compartir lo bueno y lo malo. Si algo malo le pasa a un ser querido, ¿cómo me sentiré feliz en ese instante, si sé que mi felicidad no alcanzará la suya? Es decir, podría estar feliz si siento que eso lo hará feliz, pero si sé que mi felicidad no le hará feliz, y es más, podría ser sujeto de malinterpretación, no me permitiré ser feliz.
Así soy yo. Mi felicidad depende de mis seres más queridos, además de mí mismo.
Esto es lo que he descubierto en este mes de soledad. Tal vez soy demasiado bueno (lo digo porque todo en demasía termina siendo malo). Tal vez me falta bastante para ser bueno. Tal vez soy demasiado humano, o tal vez soy un simple caso aparte que merece la atención de un psicólogo.
Sea como sea, sé que más adelante me sentiré feliz. Si un día mis padres dejan este mundo, quiero sentirme satisfecho de que fui un buen (más bien excelente) hijo.
Si un día mi hermano deja este mundo, quiero sentir que mi amor y mis acciones llegaron a él durante toda su vida. Quiero sentir que él, hasta su último aliento, supo que yo siempre fui su mejor amigo.
Si un día yo me voy, quiero sonreír, para que los que están a mi alrededor sonrían. Quiero ser feliz y que se lleven ese recuerdo de mí. Así, sonreirán al recordarme.
Quiero un mundo feliz, libre de agresión, drogas, vicios, lujuría, gula, etc. etc. etc.
Quiero un mundo feliz, donde los niños crezcan físicamente pero que siempre se conserven a sí mismo como tales; como soñadores, como idealistas, como los mejores seres humanos que puede haber.
Quiero mucho, y tengo toda una vida para luchar por estos sueños.
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Cambio y fuera.
P.D.: Ahora volveré al mundo real. Se terminó este mes de soledad. Finalmente, trascendí mi propia realidad, me vi con ojos humanos y valoré lo que soy, lo que hago y lo que sueño.
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