La vida continúa enseñándome. Me sigue sorprendiendo, y voy descubriendo lo mucho que me falta aprender.
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De niño, mi madre me inculcó una enseñanza única y trascendental para ser una buena persona.
"Siempre imita y aprende lo bueno de los demás, y descarta lo malo."
Desde entonces, cada vez que conocía a un ser humano realmente bueno, me emocionaba por sus cualidades y por el momento en que yo pudiese absorber esa grandeza de valores, moral, ética y madurez.
Ahora veo a mi alrededor, y todas las cosas que aprendí se cristalizan en hechos que trascienden la lógica, pues hablan con la del corazón.
Llego a mi casa, pasa un rato y viene mi papá a saludarnos a nosotros, sus hijos, y a salir con mi mamá, su señora esposa. Sé que las cosas pasan por algo, y me encanta que mi papá cambió y sigue cambiando para bien. Me encanta verlos salir, pues siento que ambos se pueden hacer muy felices, yo le confío la felicidad de uno al otro y viceversa.
Luego, mi hermano sale con su enamorada a celebrar sus 2 años y medio de aniversario. ¡Vaya que el tiempo vuela!
Me quedo solo en casa, pero feliz. Feliz de ver que mis seres queridos son felices, ¡qué felicidad para ser más hermosa!
Entonces, descanso un rato, y al despertar sé que abajo hay comida que me dejó mi mamá con mucho cariño. La caliento, almuerzo tarde, me baño y voy a visitar a mi hermano Gonzalo. Allí, hablamos de negocios, de sueños, de cómo la vida avanza y yo le cuento lo feliz que estoy de ver que mi papá sigue cambiando para bien.
Mi papá una vez me dijo que el moría en su ley. Que yo no intentara cambiarlo, que eso no iba a pasar.
Ese día me di cuenta de que, en efecto, por más que yo creyera en él, eso no sería suficiente si él no tomaba la decisión de cambiar. Supe que había hecho lo que estuvo a mi alcance, e incluso más. Recordé todo lo que aposté por él, y decidí respetar su decisión, respetarlo a él e intentar tener la mejor relación posible. Tiempo después, él mismo me demuestra que su ley es la felicidad. Ya no es lo que era antes.
Finalmente, llegué a mi casa a las 11:30 pm. Mi hermano justo iba a salir a dejar a Celia en su casa. Entonces, me contó que mis padres vinieron muy felices, y que mi papá parecía un niño.
Entonces, subí a saludar a mi mamá, quien también estaba radiando alegría. Sin que me diga una sola palabra, supe que fue un día genial para todos. Nos pusimos a hablar y me contó los detalles del almuerzo y cena que tuvieron juntos.
Y yo decidí plasmarlo aquí, para inmortalizar estos recuerdos de los días felices.
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Siempre lo supe.
Después de la tormenta, siempre sale el Sol, y en ocasiones con un hermoso arcoiris.
Bienvenido papá. Después de tantos años, pero pareciera que fue ayer cuando tenías esa sonrisa que siempre amé. Que siempre amamos.
Me alegra mucho leer esto Giu :)
ResponderEliminarUn abrazo y que todo marche bien!