Cuando nací, y para los días que siguieron, mi hermano me amó con todo su ser. Se ve en las fotos, desde cuando se iba a acompañarme en la cuna, me llevaba galletas, jugaba conmigo. Siempre veíamos televisión juntos, jugábamos de todo, reíamos y nos peléabamos en ocasiones. Tras las peleas, mis padres siempre nos decían que como hermanos que somos debemos querernos con todo el corazón, que debemos ser mejores amigos, y nos decían que nos abracemos y nos digamos que lo sentimos y nos queremos. Realmente funcionó. Las peleas terminaban así; con un final feliz.
A mis 13 años, si no mal recuerdo, ocurrió la última y más grande pelea de todas, a partir de la cual nuestra amistad evolucionó a un nuevo nivel donde se rompieron las barreras de edad y cierto autoritarismo por su parte. Recuerdo que yo estaba molesto, lavando los platos, y él se puso a molestarme muchísimo, hasta que me insultó. Él tenía enamorada en ese entonces, y como en muchas ocasiones, tenía alguien en quien apoyarse al instante cuando se sentía mal. Cuando me insultó, le insulté de vuelta, y no recuerdo bien qué pasó pero lo terminé empujando. Se cayó, se paró molesto y se fue. Yo seguí lavando los platos, como si nada hubiese pasado.
Tras una semana, tal vez menos, volvimos a hablar como si nada hubiese pasado. Noté que él ya no era el mismo. Ya no me trataba como un hermano mayor al que hay que respetar con cierto temor. Me trataba como un mejor amigo. Esa pelea marcó mi territorio no como hermano menor, sino como persona digna y respetable.
Luego, como lo escribí antes, pero esta vez en resumidas cuentas, cuando ocurrió la separación de mis padres, mi hermano tuvo un colapso emocional. Se aisló del mundo. Me dijo que estaba harto de todo, así que yo me volví el escudo para todos. Quería absorber todos los problemas y lidiar con esa cruz. Así fue. Mi papá me hablaba cosas muy fuertes, temas familiares que no tenía por qué saber, sobre el pasado, sobre una terrible, inmoral y horrenda infidelidad pasada durante su relación con mi mamá, y la nueva infidelidad de ese momento. Me esforcé al máximo por que dejen de lado a mi hermano.
Recuerdo que un día mi papá llegó molesto, porque nos había mandado a pedirle dinero a mi mamá y volvimos sin nada. Me buscó primero, para luego buscar a mi hermano. Me sentí acorralado, mientras él me gritaba porque, para él, mi mamá actuaba su cuadro depresivo, lo cual fue completamente falso. Le dije la verdad de muchas cosas, y sobre todo que no se atreviera a buscar a mi hermano para hacerle el mismo problema. Me pidió disculpas y se fue.
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Luego, mi hermano consiguió trabajo, y eso lo sentimos como un logro para todos. Aquí, compartimos la felicidad de los demás como si fuese de uno solo. Es increíble. Mi hermano entró a practicar a una empresa muy grande, con una pequeña sucursal en Perú, pero excelente trato. Con su primer sueldo, compró pan y demás ingredientes para un buen desayuno. Se compró un celular, nos invitó varios almuerzos y la pasamos genial. Luego, para navidad, gastó todos sus ahorros en increíbles regalos para mi mamá, para su enamorada y para mí. Ni siquiera le importaba darse un regalo a sí mismo. Él era feliz dando. Él es feliz dando. Él es un excelente ejemplo a seguir, y siempre lo será.
Más adelante, pasó a ser contratado, a un mes de egresar de la universidad. Ese día, fue todo un júbilo en casa. Había logrado su sueño. Avanzaba.
Nuevamente, nos engreía más y más. A mi mamá le compró un colchón nuevo para que ella deje de tener dolores de espalda por las mañanas. Además, colabora con las finanzas del hogar sin que se lo pidan, nos invita a almorzar los fines de semana, y siempre está pendiente de que estemos felices. El otro día hablé con él sobre las finanzas del hogar, debido a que a veces mi papá se pone en un plan de no querer dar el dinero que había acordado con mi mamá tras la separación. Felizmente, estoy próximo a egresar, y cuando eso ocurra, espero, las finanzas no serán una preocupación nunca más.
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Hermano, no creo que leas esto. Es más, creo que nunca has leído mi blog.
Gracias por ser la mejor persona que podrías ser: tú mismo. Por todo tu apoyo, por todos los abrazos a diario, porque cada vez que vuelves del trabajo, vuelve mi hermano, y no un ejecutivo o alguien estresado. Porque todo lo compartes conmigo, porque eres fuente de inspiración para mí, porque me demuestras que a las personas buenas les pasan cosas increíbles y porque existes. Eres mi mejor amigo de lejos. Nunca olvidaré ese día en el que te dije que me sentía solo. Me dijiste que siempre seremos mejores amigos y que cuente contigo para todo.
Gracias.
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