Caí, se disipó la esfera, estaba en el suelo. La gente corría en dirección opuesta a la masa de destrucción. Yo los seguía.
Repentinamente, el piso sobre el cual me encontraba parado se deshizo, mientras era absorbido por la masa. Yo me elevé y empecé a caer hacia ella.
"No quiero morir, hoy no."
Cuando me encontraba a 3 metros de la masa gigantesca, alguien me dio su mano.
"Hoy no es tu día para morir, niño."
Me jaló con todas sus fuerzas y, esta vez, caí hacia el abismo que se había formado.
"Vive, no por mí, sino por todos nosotros" .- dijo el señor.
_____________________________________
(continuará)
No hay comentarios:
Publicar un comentario