domingo, 30 de junio de 2013

Random worlds

Esta es una entrada que escribí hace tiempo pero nunca publiqué. Es una historia breve, aleatoria, sin mayores emociones... pero me gusta =)

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Un día desperté y me encontraba en la orilla del mar. Esa playa tenía la arena más blanca y hermosa que había visto en mi vida. Su brillo no era enceguecedor, al contrario, daba gusto ver esa luz. Cuando me levanté, me sentía más ligero, pero no recordaba lo que había pasado; cómo había llegado allí.

Solo recordé que mi pueblo se llamaba Natsure. Entonces, empecé a deambular en la isla misteriosa.

Me encontré que sucedían cosas extrañas. Por ejemplo, habían lugares en los que podía caminar sobre el agua, mientras que habían otros lugares donde, empujando una luz que yacía en una roca, se activaba un mecanismo en el que se elevaba la tierra sobre la que me encontraba, y así podía llegar a lugares más altos.

Cuando me cansé de deambular; pues no encontraba nada, una voz susurró a mi oído. Me llamaba, pero cuando atinaba a mirar, no había nadie. Finalmente, encontré una caverna.

Sí, entré a esa caverna y observé una puerta un tanto extraña. Cuando la quise abrir, un guardián me llamó por mi nombre y, ante la impresión de haber encontrado a alguien - o que me hayan encontrado- le pregunté quién era y dónde estábamos.

- Bienvenido. Eres uno de los pocos terráneos que han llegado hasta aquí. Tu mundo está al borde de la extinción, nosotros solo reclutamos a los jóvenes con almas puras, para que sean los sabios de los nuevos mundos que se formen. Sin embargo, tú no deberías estar acá,  y sabes por qué.

Sé que mi alma no es pura, pues he vivido en zonas de guerra, he perdido familiares por el terrorismo, he sido traicionado, he sido utilizado. Y lo que hay en mi corazón no es odio, pero tampoco es amor. Es realismo, sé, más que muchísimas personas, que en mi planeta la se cumple la extinción del hombre por él mismo. - respondí.

- Exacto. No sé cómo llegaste aquí, pero no abrirás esa puerta, pues solo la pueden abrir los elegidos, y tú no eres uno de ellos.

Ya veremos - dije, antes de abrir la misteriosa puerta.

Entonces, cuando toqué la puerta que no tenía perilla, que no tenía de dónde jalarla, sólo cuando la toqué, pude sentirlo. Toda mi vida pasó frente a mis ojos, lloré sin hacer ruido, reí sin sonreír, fui lastimado y curado sin siquiera moverme de mi sitio. En ese instante, apareció un signo en mi brazo.

¿Qué es esto? - le pregunté al guardián.

- Es tu sentencia de muerte.

El guardián se me acercó e intentó tocarme con su mano, la cual finalmente aparecía, salía de sus mangas. Era una mano celeste, brillante, como si fuese escarchado, como si hubiese electricidad. Gracias a mis buenos reflejos, lo esquivé. Entonces alzó su mano y una fuerza extraordinaria me empujó contra una pared. Me empujó tan fuerte que esta cedió y pude ver lo que había al otro lado.

Una vez que lo vi...

todo cambió.

- No sé tu nombre ni me importa, pero debes morir ahora mismo. Por el bien de este mundo y del universo. - dijo el misterioso señor.

Acto seguido, se quitó el traje y pude ver su rostro. Era yo mismo.

¿Esto es el cielo, el infierno, o algo parecido después de la muerte?


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