viernes, 22 de agosto de 2014

Advices

Esta entrada va dirigida a las personas que se encuentran pasando un mal momento, problemas familiares, de salud, económicos, entre otros.

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Salud:

Primero que todo, guarda la calma. Recuerda que siempre hay un mañana, que será mejor que hoy si es que desde ya actúas para ello. No tengas miedo de lo que pueda pasar; sé consciente de tu vida, de tus hábitos alimenticios, los vicios que puedas o no tener. Eres joven, muy joven para sufrir enfermedades que, por lo general, tienen personas mucho mayores que tú. No tengas miedo de lo que pueda decir el doctor, de que los resultados de los exámenes no salgan como esperabas. Eres joven, una persona joven y llena de vida. Pase lo que pase lo superarás. Solo cree. Cree en ti, en ellos, en Dios, en que todo tiene una razón de ser y que saldrás adelante.

Pero en ningún momento pierdas la fe, la esperanza. Recuerda: hay un arma más fuerte que todas, aun más perseverante que el amor, pues a veces el amor se va, vienen los infortunios, pero con esta arma hay personas que salieron adelante.

La esperanza.

Es lo último que se pierde. Nunca la dejes ir. Tu familia también sufrirá por verte enferma o enfermo, así que siempre sonríe, para aplacar su dolor. Es más doloroso ver un ser amado enfermo, que tener uno mismo la enfermedad. Sé fuerte, sé feliz, no te rindas y siempre cree.

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Económico:

¿Qué es el dinero? Si bien es un bien que permite adquirir servicios, más bienes, entre otras facilidades, no es todo, ni la mitad, ni la cuarta parte de lo que realmente importa. Está bien, entiendo lo que es pasar dificultades económicas. A veces estás acostumbrado a un ritmo de vida, y repentinamente tienes que pensar en recortar gastos, cambiar hábitos, hasta reconsiderar el lugar donde estudiarás o considerar prolongar todo para trabajar y apoyar en casa. Sé que es duro, que no es fácil, pero recuerda que lo más importante es estar allí para tus seres queridos. Felizmente, hay universidades nacionales, que son gratuitas y forman grandes profesionales. Será difícil ingresar, pero no imposible, y mucho menos si tu determinación es grande. Trabajar no es el fin del mundo, sino un nuevo e intenso comienzo. Te ayuda a madurar, a apreciar un poco más el valor del dinero, pues aprendes a no derrochar algo que te ganaste con sudor y mucho estrés.

El dinero va y viene, pero el conocimiento es perenne. Cuando tengas dinero, inviértelo en tu crecimiento personal, en tus seres queridos, en dar, pero no lo derroches en vicios, porque cuando no haya, los vicios podrán consumir lo poco que te quede, y no tendrás ahorros para enfrentar la época de escasez.

Tranquilo, recuerda que tú saldrás adelante siempre y cuando estés decidido a ello.

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Familiar:

Ciertamente, este punto es el más difícil de todos. En lo personal, sé lo que es despertar escuchando gritos de tus padres peleando, entre otras cosas.

Lo primero que te aconsejo: No te sientas culpable. Sé que consciente o inconscientemente, te llegas a culpar de lo que pasa. Sientes que tu vida se va, que la felicidad deja el hogar y que tal vez tú no mereces ser feliz. Pero no es así.

Tú eres tú, ellos son ellos. No los juzgues, pero tampoco te solidarices en exceso con uno o con el otro. Recuerda que tú eres fruto de un amor incondicional que tal vez ahora mismo no hay, pero en ese momento sí hubo, y fue intenso. Si te está afectando mucho y ves que no lo están resolviendo adecuadamente, diles, por separado y si acaso juntos, lo que sientes. No olvides hablar claro, con mucho respeto y decir cada palabra que te nazca decir.

Tus padres entenderán que te está haciendo daño la situación, y por ti buscarán el camino correcto. Pero si nunca dices lo que sientes, podría afectarte mucho más tiempo de lo esperado.

En mi caso, quise ser el escudo para todos. Absorbí historias que nadie más sabía, sentimientos encontrados, solo quería la felicidad para todos, solo quería tranquilidad y paz para todos. Si actúas así, créeme, quedarán secuelas, y hasta te sentirás culpable por no contar a la otra parte cosas que te fueron confiadas. No es fácil, y según un par de psicólogos que conocí, no es lo mejor.

Pero para mí, sí fue lo mejor. Estuve allí en los momentos más críticos de la separación, aplaqué el dolor lo más que pude, lo absorbí, lo hice mío y lo lloré en privado.

Créeme, si vas a actuar así, no te faltarán fuerzas. Aun si ahora estás cansado, cuando lo haces por otra persona, obtienes fuerzas de donde no hay, obtienes un carácter que no conocías, y día a día te levantas sabiendo que será un día pesado, pero que no te vencerá. Luego, te acuestas muy triste, pero sabiendo que haces lo correcto, o lo mejor que puedes.

Y sé paciente. Lo familiar no se resuelve en un día o dos; a veces ni en meses. Sé paciente, y valora el progreso que se va logrando. No digo que progreso sea que se acostumbren a las peleas, sino que se tome una decisión, un cambio. Un gran progreso, en mi caso, fue que mis padres decidieran separarse. En otros casos, progreso puede ser que los padres decidan superar sus diferencias y seguir adelante con el hogar.

Sea cual sea su decisión, respétala, pero comunica tu sentir al respecto. No dejes de comunicarte con ellos. No dejes de sonreír. No dejes de ser el ejemplo para los demás, de cómo aun cuando todo parece venirse abajo, hay alguien sonriendo, calmado y con ganas de restaurar la paz en el hogar.

Adelante, amigo, que la vida recién empieza.

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Pase lo que pase, en la situación que estés viviendo, decide. Decide y actúa. Hazlo lo mejor posible, y al margen del resultado, te sentirás más que satisfecho. Cree en ti, cree en los demás, y no dudes del camino que te dicte el corazón.

Adelante.

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