Contemplé la puerta celestial, los ángeles con seis alas, la mesa cuya superficie tenía dibujada una estrella de 13 puntas, las espadas de los ángeles, El Trono y el asombroso cielo con lo que parecía ser, una aurora boreal, pero de todos los colores por separado. Realmente hermoso.
Luego escuché una voz que dijo "Avanza" y di un paso adelante. Un paso demasiado ligero: no sentía mi peso. Quise alzar mis manos pero las tenía atadas con una cuerdas blancas demasiado lisas y demasiado luminosas.
A continuación, me di cuenta que estaba al centro de la mesa. 12 puntas de la estrella tenían encima a 12 personajes cuya apariencia majestuosa me impresionó. Seres, de cierta forma, demasiado puros. No se sentía ira, solo comprensión y justicia. La última punta no tenía a ningún personaje. Por lo menos, no en ese momento.
La voz de antes dijo: "Preséntate" y atiné a decir: "Mi nombre es Giuseppe, hijo de Carlos y de Rosana, hermano de Giorgio. Heme aquí, un pecador, contemplando el cielo, la promesa eterna de la salvación. Estudié ingeniería civil y ejercí mi profesión lo mejor que pude. Me casé y tuve tres hijos. Creé una revolución llamada Aeolia para salvar a mi nación. Heme aquí postrado por estas cadenas celestiales. Heme aquí ante ustedes, ángeles, jueces supremos. Y solo agacho la cabeza en símbolo de humildad, más no de inferioridad."
- ¿Por qué mataste a tantas personas y destrozaste tantas familias? - Preguntó el primer ángel al lado del lugar vacío.
>>Todo empezó un 25 de diciembre del 2021.<<
... y empecé a contar la historia, la misma que ahora voy a escribir.
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Como un joven que se crió en tiempos de guerra, y a la vez como el hijo del presidente, tuve que tomar decisiones muy fuertes. Había muerte, enfermedad, pobreza y desesperación en las calles. Yo solo tenía 15 años, pero estaba seguro de que la guerra no podía continuar. Por otro lado, mi padre creyó que se debía luchar hasta que el último soldado o ciudadano quede en pie. No podía continuar mirando a los ciudadanos de mi país a los ojos, pues me sentía culpable de ser el hijo de un gran líder pero con ideas extremas.
Finalmente, llegó el momento en que no pude más...
El 20 de octubre del 2020 se publicó un anuncio en el periódico. "La guerra se ha terminado, con la muerte del presidente Carlos". Los detalles no estaban claros para nadie, o tal vez eso se creía.
Este fue uno de los miles de conflictos que se vivieron en la época, debido a que se inventó un arma capaz de exaltar las emociones negativas del corazón humano y aplacar las positivas. Alguien con una mentalidad muy positiva sería capaz de soportar las ondas dispersas por dicha arma que se salió de control, pero aun no llegaba ese ser a este mundo.
Entonces, ¿qué fue la revolución Aeolia?
¿Fue, acaso, aceptar el fin del hombre por su propio egoísmo, avaricia y brutalidad?
No, eso no fue la revolución.
Para que nazca un nuevo mundo, el anterior no debe ser destruido, sino cambiado. Sin embargo, en un mundo lleno de peligros, yo debía ser el enemigo número uno, para que así nadie sepa quién es el verdadero enemigo. Decidí cambiarlo todo, empezando por mí mismo. Traicioné a mis amigos, a mi familia, vendí información del Estado, comercialicé droga, ayudé a organizar robos, entre otras cosas, para llegar a lo más alto del poder. Conseguí liderar un país y lo vendí a otro, con el fin de seguir ascendiendo. Ello provocó más conflictos sociales, y que yo fuese el ser más odiado del mundo por unos instantes.
No me importó. Pude cargar con ello.
En el nuevo país; la república de países vencedores del nuevo oriente medio, conseguí seguir ascendiendo, con el fin de lograr mi fin único: salvar a este mundo. Toda persona nacida a partir del año 2018, se vio afectada permanentemente por las ondas y radaciones expedidas por el arma amplificadora de la negatividad, también conocida como Fleia.
Todos creían que yo era una rata, un ser despreciable, alguien que haría lo que sea por seguir ascendiendo. Así, perdí a quienes quise por un momento, y en mi soledad me sentía terrible, pero siempre salía a las calles airoso, como si no me importase nadie. Llegó el día en que fui presidente de dicho país, y lo aproveché al instante para hacer una reunión con la sociedad de las naciones. Cuando me cercioré de que todos los mandatarios habían asistido, entendí que, por fin, a mis 50 años, había concretado mis planes. Cuando di inicio a la Cumbre de las Naciones, rodeé el lugar con artillería pesada y amenacé con iniciar el conflicto armado más grande del mundo si es que ellos no cedían su derecho a voto y ciudadanía. Es decir, si no se integraban al gran imperio que había forjado, lanzaría bombas nucleares a lo largo del mundo. Obviamente, ellos intentaron comunicarse con sus países, pero toda comunicación fue bloqueada. Entonces, me volví el rey del mundo.
La revolución Aeolia estaba por finalizar...
La única persona que siempre supo mis planes me asesinó en público. Un soldado enmascarado, un as de la justicia, acabó con el ser más odiado de todo el planeta. Recuerdo sentir el filo de su espada atravesando mi pecho, y con mi sangre en mis manos, tocar su hombro y decirle "gracias, haz salvado al mundo".
Caí en un sueño eterno, la humanidad era una sola, las naciones ya no existían y todos éramos, simplemente, ciudadanos del mundo con distintas culturas, etnias e idiomas.
Nunca más se invirtió en armas, sino en educación, alimentos, tecnología, entre otros bienes más importantes para la humanidad.
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"Serás el mártir que cambió el mundo, pero eso no justifica que hayas matado a una sola persona".
- Lo sé. Estoy preparado para el castigo eterno. - respondí.
Entonces, se abrió un gran abismo en mis pies y empecé a caer. Allí, encontré a almas que subían al encuentro de los Grandes Jueces.
Sonreí.
Al fin habrá paz para la humanidad. Podré ser odiado, o simplemente olvidado. Podré haber perdido a todos mis seres queridos, pero eso ya no le pasará a nadie jamás.
Viva la revolución.
Viva la vida.
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