jueves, 25 de septiembre de 2014

Stories

¿A qué ha llegado el mundo?

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Primero que todo, escribiré acerca de la conclusión a la que llegué sobre negar mi pasado, sobre dejarlo ir, sobre evitarlo, sobre las confusiones que tenía y que aun tengo.

Como he escrito aquí, la relación que tenía con mi padre cambió radicalmente, y los hechos solo la agravaron, al punto en que cortamos comunicación hace más de 4 meses. Tuve la oportunidad de escuchar cómo se refería, sobre mi persona, con sus seres queridos, o simplemente con quienes le rodean. Obviamente, no dijo nada bueno de mí. Sin embargo, ya no me dolió. Yo sé lo que él piensa de mí, lo he sabido siempre, desde que empezó todo el conflicto. Todo cambió, y no supimos adaptarnos, o solo revelamos la clase de persona que éramos. Yo, por mi parte, anduve confundido mucho tiempo con respecto a cómo querer a alguien que, por un lado me daba afecto, y por otro le hacía mucho daño a mi madre, como a mí mismo. Él, en cambio, anduvo pensando que yo lo juzgaba, por lo que él decidió juzgarme según su punto de vista.

En fin, no funcionó, la relación padre-hijo terminó y es evidente que ninguna de las partes extraña a la otra. Por más frío que pueda sonar, es la realidad.

A veces recuerdo lo bueno de aquella relación, y me percato de que, en efecto, fue hermosa hasta que yo tenía unos seis años. Luego, todo fue cambiando, al punto en que yo siempre lo veía como la persona a quien debía tratar como él quería ser tratado, pues, en última instancia, era mi patrocinador oficial, económicamente hablando. 

Entonces, remontándome al Yo de ahora mismo, cuando vivo ciertas situaciones, repentinamente vienen a mi mente frases como las que él solía decir que me causaban dolor. De alguna manera, me percaté de que tanto lo bueno como lo malo de lo que vivimos será parte de mí, y es mi responsabilidad escoger cuáles sentimientos, modales, actitudes o valores ejercer y cuales aplacar. Son situaciones tan sencillas y que parecen sin importancia, pero cuando son parte del día a día, cuando observas la intención tras las palabras y conoces bien a la persona que las dice, te das cuenta de que es la forma en que no quisieras ser.

Por ejemplo, cuando ayudaba a mi mamá a poner la mesa y servir el almuerzo, mi papá repentinamente me pedía que probase su comida. A mí nunca me gustó probar comidas nuevas porque cada vez que íbamos a un restaurant, si pedía algo que no había comido antes, y no me gustaba, me gritaba y yo lloraba muchísimo. Odiaba salir a comer a otros lugares. Entonces, cuando me lo pedía, yo siempre e ingenuamente respondía que no. Después de tanta insistencia por su parte, me percataba de que me pedía que lo probase porque no le había puesto algún cubierto. Era su manera de pedir que le alcance un cubierto.

Un día me contó de las personas que tienen amantes, y que por molestar se mudan con su amante al frente de la casa de la esposa. Un mes después, él se mudó a una cuadra con su amante.

De igual manera, recuerdo aquella noche en que todo iba mal en casa, Giorgio salió con su enamorada, yo con quien estuve en esa época, y mi padre nos llamó por teléfono para hablar en casa. Llegamos, nos contó todas las cosas que nos había dado en la vida, y que sorprendentemente nosotros no hacíamos nada por él. Éramos niños. Aun no sé muy bien qué esperaba. Nos dijo que nosotros estudiábamos por nuestro propio bienestar. Eso no lo beneficiaría en nada a él. Nosotros éramos desagradecidos y malas personas.

"Acuéstense, sabiendo que no son buenas personas."

Llegué a mi cuarto y lloré desconsoladamente. Yo quería ser bueno.

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Aquel episodio con el dinero en que mi papá nos mandó a visitar a mi madre para pedirle el dinero, también marcó mis días. Llegamos donde mi madre, quien estaba deprimida, y como adivina nos gritó, llorando, con pena, angustia y dolor: "¿ustedes han venido a visitarme, a visitar a su madre, o a pedirme dinero?"

Ese día dije una de las mentiras que me dolieron más en mi vida.

"Por supuesto que venimos a visitarte, mami."

Tras un largo día en casa de mis tíos, volvimos a mi casa y cada quien fue a descansar a su cuarto. Eran las 9 pm y mi papá no estaba. Dieron las 10. Dieron las 11. Yo sabía que él llegaría molesto, porque sabía que no teníamos el dinero. En efecto, cuando lo sentí abrir la puerta de la casa a las 11:30 pm, actué como si estuviese durmiendo. Entonces, entró a mi habitación, me agitó con fuerza para despertarme y empezó a gritarme por no tener el dinero. Atribuyó a que mi mamá estaba actuando toda su depresión y que nosotros fuimos muy ilusos al creerle. Entonces, recuerdo que en algún momento, quiso ir donde mi hermano y allí, en ese preciso instante, saqué energías de donde no habían, pues yo estaba destruido por dentro, y le alcé la voz, exigiéndole dejar a mi hermano fuera de esto.

"Él ya ha tenido suficiente. No le digas nada. Nada más. ¿Dónde estabas tú? Nosotros te necesitamos. Estamos solos, y tú estás allá, afuera, con otra mujer, mientras tus hijos te necesitamos aquí con nosotros."

Mi papá me vio gritarle, llorando, furioso, dolido. Por primera vez en mi vida, le alcé la voz y le dije lo vulnerables que nos sentíamos, lo solo que estábamos y que para colmo él, en vez de ser un padre, se iba de la casa y no llegaba hasta las 11 pm.

Al día siguiente, siguió llegando tarde a casa.

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Cuando se mudó a una cuadra de mi casa con su amante, mi mamá temió por su seguridad y se fue a la casa de mis tíos. Entonces, llamé a mi papá para hablar en el parque. Allí, le pedí que se mudara lejos de mi casa. Él me contó una historia cuya veracidad no tiene importancia, pues la conclusión de dicha historia era su amante viviendo a una cuadra de mi casa. Me prometió mudarla afuera y nunca cometer el mismo error. Un par de meses después, la volvió a mudar de vuelta.

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Yo sonrío, porque sé lo que quiero ser y quién no quiero ser. La persona que no quiero ser ya se encuentra en mí. En mi subconsciente. La persona que no quiero ser es parte de mí, día a día me da ideas, ideas locas que no quiero y por ende no haré. Creo que todos tenemos un lado impulsivo, que nos instiga a actuar según lo que vivimos en el pasado. Por otro lado, está nuestra razón, que nos invita a ser quienes querramos ser.

Yo quiero ser bueno. Siempre bueno. Siempre sano.

Solo quiero ser feliz.

En un correo, mi padre me llamó huérfano voluntario de padre. Es cierto, elegí enterrar su recuerdo en mi mente. Mi elección fue difícil, tan difícil como debió ser para él pasar de querer a sus hijos, a repudiarlos. No lo niego. He renunciado a la idea de entablar una buena relación con él. Pues, para mí, la ausencia de una relación entre ambos es la mejor manera de que cada quien viva la vida que eligió en paz. No lo comprendí, comprendo ni comprenderé, pero como un ser humano, deseo que sea feliz. Como su hijo, su felicidad terminó destruyendo lo que quedaba de hogar, por lo cual significó mi tristeza. En ese sentido, prefiero seguir viéndolo como un ser humano ajeno a mi vida, pero parte de mi pasado.

A veces no sabemos si nuestras elecciones son las correctas o no. En este caso, sé que lo que hago es lo mejor, al margen de si esté bien o no. Es lo mejor porque es lo que me dicta el corazón, en conjunto con mi razón. Soy consciente de que él tiene casi 68 años y yo casi 22. Soy consciente de que tal vez el día en que él no esté llegue más pronto de lo esperado, y que sea "demasiado tarde" para hacer un cambio. Pero creo que ese cambio ya lo dimos y fue el mejor posible.

Esto sonará frío, pero aun tienes otros seis hijos con quienes llevarte bien. La vida te ha dado y te sigue dando la oportunidad de ser un padre para ellos, o por lo menos un amigo. No saben cómo nos hablabas de ellos desde que éramos pequeños, ni se enterarán por boca nuestra. Tal vez nunca lo sepan, pero al final me he convencido de que en este apellido, la hipocresía es gratuita y abundante. Es un apellido que suena bonito en el Perú, y que me gustó llevar, pero ahora le he sabido dar lugar como solo un apellido y nada más.

Soy quien quise ser. Aun cuando muchas cosas cambiaron y no salieron como quise que salgan. Sigo siendo quien quise ser.

Un joven apasionado por seguir creciendo, en su búsqueda de la excelencia, a su manera, de vivir la vida y de ser feliz, haciendo felices a los demás.

Me encantaría, algún día, ser un ejemplo de esperanza. De que cuando todo parece perdido, no hay excusas para rendirse. Por más problemas que hayan, no es excusa para dejarte llevar por vicios, por los demás, por las malas juntas, etc. Un ejemplo de que cuando amas a alguien, sacas energías de donde no hay para protegerlo.

Un ejemplo de esperanza. Porque la esperanza es lo que me impulsa.

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